17 ene. 2010

Y somos dos artistas...


Yo soy una artista, plasmo en un lienzo el abanico de corrientes voladoras de mi mente, los sutiles colores e incoloros de esta vida.
Hipnotizo mi alma para que se entregue en lo profundo de las cosas que no veo.
Y siento... siento la pintura; no siento el pincel.
Y siento... siento la inspiración; no siento la musa.
Y siento... siento cada trazo que paraliza mis ojos en un solo punto, no siento mis ojos.
Excitación, cada uno de los polvillos del carboncillo que se adhieren en mi nariz, cada mancha oscura que ensucian mis manos: son los sueños que se sumergen en mi. Un artista sin arte... Dibujando su personalidad en el cielo. Hilos de autenticidad que tejen así la red de mis peculiares convicciones.
Tu también eres un artista, plasmas en mi cuerpo los deseos prohibidos y trazas en mi piel nuestros deseos y pasiones.
Me hipnotizas, juegas al escondido en esta piel desnuda, frenética.
Tus manos…la creatividad de tus manos, te expresas con ellas y realizas las caricias que no han existido, creas nuevos caminos en mi cuerpo y exploras las rutas carnales que no han sido descubiertas.
Y siento... siento tu respiración; no siento el calor.
Y siento... siento tus caricias; no siento tus manos.
Y siento... siento el cuadro que has pintado en cada milímetro de mi que tiene escrito tu nombre; no siento las fantasías.
Excitación, como nos entrelazamos volviéndonos una sola alma. Como quedan los bocetos de tu boca dibujados en la mía, realizando el dibujo perfecto. Tanto rojo en esta obra de arte, tanta pasión y entrega en tu trabajo.
Eres un artista, sin lienzos, sin pinceles, sin pinturas.
Pobre de Picasso si se da cuenta que nació quien superara sus cuadros sin nunca haber tomado un pincel. Pobre de mí sino hubiese nacido ese artista que con solo tocarme inspira mi mundo de ilusiones y misterios.
Dos artistas, cada uno con su arte, dependientes entre si, entregados a captar en un momento toda una vida y lo que falta por vivir...